lunes, 25 de junio de 2007

EL AMIGO INFORMÁTICO

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Extraído de la página personal de José Antonio Millán, un rincón de reflexión sobre la lengua y las nuevas tecnologías más que recomendable.
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Uno de los efectos más curiosos que ha provocado la revolución informática de los últimos años y el uso extendido de Internet ha sido sobre la lengua. Al igual que había venido ocurriendo desde hacía décadas con dominios que iban del deporte a la técnica, el resultado ha sido una gran proliferación de términos ingleses, en muy distinto grado de asimilación.
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Me tomaré a mí mismo como banco de pruebas: desde el primer número del Ciberpaís, suplemento de El País (1999) y hasta el 2003, he venido manteniendo una columna llamada primero "Vocabulario" y luego "La palabra". Por ella pasaron unos 600 términos españoles, que reúne con modificaciones un apartado de este sitio web,
Vocabulario de ordenadores e Internet.
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Como esa recopilación de palabras vino guiada más por el azar y la actualidad que por un intento sistemático de cubrir todo el campo, me he encontrado con que reúne un vocabulario muy amplio, y no sólo desde el punto de vista cuantitativo. En los medios de comunicación o entre los colectivos profesionales aparecen, ligados al vocabulario sobre ordenadores, Internet, y en general con el mundo digital, términos de muy distintos campos:

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hardware (como computador, tecla, ratón...)
software (como programa, applet...)
telecomunicaciones (protocolo, ...)
argot de usuarios (colgarse, bajar...)
cibercultura (serendipia, hacker, ...)
marketing y comercio (pegajoso, firma electrónica, ...)
aspectos legales (dominio público, copyright, ...)
edición electrónica (publicar, e-book)
acuñaciones humorísticas (emilio, ensaimada, ...)
usos del correo electrónico (emoticono, IMHO, ...)
matemáticas (algoritmo, codificación, ...)
tipografía (fuente, interlínea, ...)
telefonía (tarifa plana, último kilómetro, ...)
fotografía (resolución, ...)
criptografía (cifrar, ataque...)

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Salta a la vista que el dominio ha trascendido de lo puramente técnico y se ha impregnado de muchas cuestiones sociales, además de haber asimilado áreas antes estancas (comercio, edición, ...). Paralelamente, las tecnologías digitales han ido invadiendo otras áreas, sobre todo la electrónica y las telecomunicaciones, en el proceso conocido como convergencia.

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El problema del purismo

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Curiosamente, la avalancha de términos ingleses ha despertado viejos debates. Uno de ellos es el de su uso directo (o calco) frente al uso de palabras tradicionales del español. Vaya por delante que me sitúo en una posición que podría calificar de "fatalismo lingüístico": creo que la lengua se adapta por sí sola. Personalmente, no usaré, si puedo evitarlo, un término inglés; pero si me descubro haciéndolo no me flagelaré. En algunos casos, porque sencillamente es difícil encontrar una alternativa (que se entienda), por ejemplo: hardware. En otros, porque, aun existiendo traducciones y equivalentes, ya nadie va a cambiar (
cookie frente a cuqui, galleta, buñuelo o chivato). Otros, porque me parecen muy bien (chatear). Creo firmemente que el "genio de la lengua" expelerá de sí los términos inútiles antes o después, y los que quedarán estarán tan integrados y asimilados como —pongo por caso— tanque, whisky o gol lo están hoy...
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Sin embargo, hay cosas que sí que me parecen reprobables: usar directamente una palabra inglesa cuando hay una traducción adecuada disponible (
hosting por alojamiento); calcar o traducir cuando existe ya un término tradicional con el mismo sentido (decir encriptar en vez de cifrar, marca de agua en vez de filigrana; aunque me da la impresión de que éstas son ya una cuestión perdida...). No me parece mal adoptar un término cuando el equivalente es largo (email por correo electrónico) o equívoco (chat por charla)...
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¿En qué situación está el español, desde esta perspectiva? Volviendo a usarme de banco de pruebas, observo que de los 600 términos de mi
Vocabulario he puesto en cursiva unos 60. Uso la cursiva para recoger usos reales, pero que creo que tienen soluciones alternativas mejores (todo según mi opinión, claro...). En algunos —pocos— casos, el término está en cursiva porque pertenece a un registro excesivamente familiar (emilio), pero la mayoría son casos como forwardear o hosting.
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Bien: si incluso un "fatalista lingüístico" como yo señala que un 10% de los términos tendrían mejores opciones, creo que la situación no está tan mal...

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De todas formas, hay dos tipos de préstamo del inglés muy diferentes: los que, viniendo normalmente del latín, se integran sin grandes problemás fonéticos ni gráficos (
sitio o dominio) y los que no se adaptan fácilmente (software o la misma web). En el caso de los primeros, sencillamente el sentido original de la palabra española receptora se ha ampliado, a veces cambiando de connotaciones (como en el antes humilde portal). Desde el punto de vista etimológico, sin embargo, no habrá que olvidar que vienen del inglés y no de sus étimos latinos o de otras lenguas... Con los segundos podemos vivir mucho tiempo, como hemos vivido con el whisky, el sandwich o el jeep... La similación morfológica y gramatical se producirá en uno y otro caso, y acabamos oyendo forwardear o bugazo sin mayores problemas.
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Mientras tanto, los auténticos creadores del lenguaje técnico son las empresas de software. El responsable del grupo español de control de calidad lingüística de Microsoft, Avelino López García, me expuso en el 2001 sus problemas (que son los de todos los que manejan el español técnico):

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Intentamos primero no dejar términos en inglés; luego, optar por una forma común a las cuatro grandes áreas del español (España, México, Colombia y Argentina), y si no la hay —como ocurre a veces— escoger la menos problemática.

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Aunque ese principio da buenos resultados (se ha evitado el accesar americano en favor de acceder), Microsoft también ha perpetuado anglicismos, como mouse (escogido frente a ratón, por la impopularidad de este término en México). Y, sobre todo, se da la paradoja de que las empresas de software y hardware, sobre todo las dominantes, funcionan como una especie de "academia de la lengua técnica" de facto, dado que imponen una terminología que otros fabricantes, creadores de documentación técnica, periodistas, etc., siguen.

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Lo curioso de la situación actual es que ha hecho que la preocupación por la lengua haya alcanzado a colectivos que antes permanecían ajenos a los debates lingüísticos, empezando por los técnicos informáticos. Muchos de ellos han tenido que ponerse manos a la obra (en parte porque no había nadie que hiciera esa labor) para reflexionar sobre equivalentes españoles posibles, definiciones y demás. Cito sólo dos ejemplos: el
Glosario Básico Inglés-Español para Usuarios de Internet de la ATI, Asociación de técnicos de Informática, del que es autor Rafael Fernández Calvo, o la lista Spanglish. Desde una institución oficial funciona hace años el Foro TIC del Centro Virtual Cervantes, donde debaten usuarios y expertos.
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¿Qué debería hacer la Academia con el lenguaje técnico? Es posible que si admite blog (¿plural blogues?) lo haga cuando ya haya entrado en el limbo del pasado. Sencillamente: los ritmos del vocabulario de tecnologías tan cambiantes no tienen por qué quedar registrados en un diccionario que sale cada ocho o diez años y que quiere ser la norma para todo el orbe hispanohablante. Como hemos visto, hay varios diccionarios, glosarios y sitios de discusión de vocabulario tecnológico, de muy distinto valor y alcance, pero si creemos que el español necesita una guía constante en este vocabulario tan volátil la debería aportar un tipo de institución, que no existe para nuestra lengua; una institución más orientada a la terminología, mucho más ágil, y más relacionada con el mundo tecnológico. Sigue leyendo >>
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N. del E.: La negrita es mía, la cursiva no.
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2 Comments:

  • At 29 de agosto de 2007, 13:24, Blogger Chusa said…

    En otros lugares ya lo he dicho: "paso" de la Academia. El "limpia, fija y da explendor" debería cambiarse por "tarde, mal y nunca".
    Harta estoy de que se dediquen a dar por buenas lo que hasta el día anterior eran incorrecciones, dejándonos con el culo al aire a los que intentamos hablar bien y, sin embargo, piensen que no vamos a decir blog, chatear o internet hasta que nos den permiso.

     
  • At 4 de septiembre de 2007, 7:29, Blogger whyidontbelieveingod said…

    Totalmente de acuerdo, uno ya no sabe cuándo ha de escribir una palabra en cursiva, en redonda o no escribirla, pero ¿hay una solución ideal? ¿un boletín semanal de la RAE para redactores y traductores?

    En mi opinión no se puede dejar este asunto en manos de los proyectos terminológicos que suelen encargar las multinacionales (Microsoft, Apple, Oracle, SAP, SONY, etc.) puesto que suelen dar prioridad a cuestiones de publicidad y derechos de autor, criterios que luego pasan a los medios de comunicación a través de los comunicados de prensa y de ahí, al uso general.

     

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