sábado, 17 de noviembre de 2007

PENSAR EN INGLÉS

Dos propuestas extremas suelen preocupar a quienes traducen textos jurídicos. Una sostiene que cada palabra y cada concepto pueden verterse de un idioma a otro. La otra ve con desconfianza toda traducción y pone en duda su esencia como los teólogos del Islam quienes desautorizan las traducciones del Corán, que por ser un texto de revelación divina, frustra cualquier traducción hecha por el hombre. [...] Como la caridad bien entendida empieza por casa, vale la pena reflexionar sobre cómo estos cuestionamientos afectan a la lengua española.
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Al traducir textos legales es preciso estar alerta respecto de los falsos cognados o "falsos amigos": palabras idénticas o casi idénticas que, sin embargo, tienen significados distintos y a veces opuestos. El inglés, además, es polisémico por excelencia. Usa sin empacho la misma palabra para marcar significados diversos y para indicar distintas funciones gramaticales. [...] Esa pluralidad de significados también ocurre en contexto jurídico y con términos aparentemente claros. Tomemos administration. Sin entrar en usos obsoletos o literarios, administration se traducirá, según su contexto, como el gobierno del Estado, la gerencia de una empresa, o un período presidencial de los EE..UU. Un administrator es sí, un administrador, pero también puede ser un gerente, un liquidador, un síndico o un albacea. Bond quiere decir bono, no hay duda, en el sentido de título de la deuda pública, pero también puede significar un pacto o compromiso, un mero vínculo o nexo, un pagaré, una cédula hipotecaria, una fianza o una garantía. Estate puede referirse a los bienes raíces y otras pertenencias de una persona viva o describir su patrimonio sucesorio. Fee puede ser la denominación del dominio absoluto sobre un inmueble en el Common Law, un honorario por servicios prestados, una tasa o un derecho fiscal, y los ejemplos se multiplican.
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En los organismos políticos internacionales, dada la naturaleza de los temas que se suelen tratar y la urgencia con que éstos deban resolverse, sería ingenuo pensar que todas las soluciones se encuentran en los diccionarios, cuyo destino inevitable es nacer ya viejos. No es prudente, pues, rechazar por dogma los neologismos, puesto que la realidad impide que el idioma se ciña a normas o teorías rígidas. Pero cuando hay en español palabras, giros o expresiones claras, descriptivas y lícitas, es preciso resistirse a la moda de turno para forzar una ampliación semántica que corrompa el idioma. En otra palabras, cierta medida de prudencia y sentido común es necesaria para no acabar hablando en "cocoliche" anglosajón, como se diría en el Río de la Plata.
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Es cierto que el paso de falso amigo a neologismo y de éste a término consagrado no es siempre evitable. Algunas nociones suelen machacar tanto la materia gris que acaban por ser aceptadas en la práctica e incorporadas a los diccionarios, por ejemplo, los cognados franchise/franquicia. Tradicionalmente franquicia es el pago de derechos de aduana, o la porción de pérdidas y daños no reembolsable por el asegurador, o la utilización gratuita de servicios o la exención del pago de ciertos derechos. Por obra y gracia de la globalization, franquicia se utiliza cada vez más para referirse a un contrato del derecho angloamericano con características especiales de distribución y comercialización de productos y prestación exclusiva de servicios, que solía traducirse como contrato de concesión.
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También pueden afectar a los textos jurídicos en español términos y conceptos nacidos en contexto angloamericano, en un entorno cultural distinto. Además del manido globalization -preferimos seguir diciendo "mundialización"- valga mencionar empowerment, governance o governability, estos dos últimas palabrejas rescatadas del inglés del siglo XVIII, pero muy en boga en estos días. Governance quería y quiere decir ni más ni menos que "buen gobierno", "buena administración y gestión públicas". Como ahora está bien visto predicar que la administración de la res publica, -de la cosa pública- debe ser "buena", es decir honesta y ordenada, pues ahí va "gobernabilidad" como nueva reinvención de la pólvora. Otro par semántico que ha hecho correr ríos de tinta y librar batallas campales en que se esgrimen diccionarios y otros objetos igualmente contundentes es el de gender/género. Género, no en sus significados gramaticales o textiles tradicionales, sino como eufemismo de sexo, o de condición o conducta sexuada o "sexoespecífica". Este eufemismo, cuya aplicación lleva a planteos casi victorianos, se emplea para indicar la identidad social o cultural y las prácticas que el medio asigna o que ciertos grupos se asignan, con independencia del sexo biológico del sujeto.
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Por su historia y proyección geográfica, y por el peso específico que vayan adquiriendo sus hablantes en el mundo, el español es una de las lenguas con más futuro. La pereza con que ha evolucionado en los cien años pasados no justifica que se lo atropelle con invasiones que ignoran vocablos y conceptos existentes. Con justificada iracundia, el Director de la Real Academia Española fulminaba en una editorial a quienes -y lo habremos comprobado más de una vez en la jerga administrativa- nos endilgan a todos la condición de "usuarios", sin atender a la riqueza de posibilidades que esconde ese sustantivo, ya que puede significar automovilistas, peatones, parroquianos, bañistas, drogadictos, pasajeros, paseantes, clientes, lectores o fieles, ya sea que "usemos" automóviles, aceras, bares, playas, narcóticos, trenes, parques, supermercados, libros o templos. Son esas carencias de matiz las que empobrecen al idioma y reducen al español a dialecto de factoría.
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El derecho es uno de los instrumentos imperfectos pero necesarios del diálogo entre distintos sistemas de vida. El ámbito internacional y los idiomas en que se expresan sus actores debe ser un entorno de préstamos y de enriquecimiento recíproco at arm's length = en un pie de igualdad. Tal es quizás el equilibrio que debemos procurar en la traducción jurídica. "Pensemos en inglés", sí, para comprender a nuestro interlocutor anglófono, pero una vez que hayamos comprendido, escribamos en español.

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Fragmentos extraídos de El pensar en inglés: algunas reflexiones sobre la traducción jurídica, David Deferrari, Naciones Unidas, Nueva York.
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