lunes, 26 de noviembre de 2007

NOTAS

Las llamadas de nota, ¿antes o después de los signos de puntuación? Este es otro caballo de batalla de los tipógrafos. Muchos autores, y también la propia Academia, colocan las llamadas de nota (nos referimos a las que utilizan cifras voladitas) dentro de los signos de puntuación: ... por ejemplo²; es obvio que cuando el lector llega aquí y se tropieza con esa solución, le resulta imposible hacer la leve pausa que indica el punto y coma y luego «pensar» la llamada de nota: como esta se halla antes, lo lógico es que primero «piense» la nota y después haga la pausa. Esto es tan absurdo e irreal, que uno no se explica por qué algunos escritores, tipógrafos y ortotipógrafos son aún partidarios de colocar la llamada antes del signo. Supongamos el siguiente caso: ... por ejemplo¹²!; qué tiene que hacer el lector: ¿introducir la «pronunciación» de la nota dentro de la exclamación a que le obliga el signo? Parece que queda muy claro que la grafía correcta en estos casos consiste en colocar la llamada de nota (que es extratextual, no se olvide, razón por la cual se escribe siempre de redondo normal, aunque afecte a una palabra en cursiva o negrita) fuera de los signos de puntuación: ... por ejemplo;.² ... por ejemplo!.¹²
.
Extraído del artículo de Martínez de Sousa en el número 6 de Donde dice..., el boletín de la Fundeu.
.

Etiquetas:

sábado, 17 de noviembre de 2007

PENSAR EN INGLÉS

Dos propuestas extremas suelen preocupar a quienes traducen textos jurídicos. Una sostiene que cada palabra y cada concepto pueden verterse de un idioma a otro. La otra ve con desconfianza toda traducción y pone en duda su esencia como los teólogos del Islam quienes desautorizan las traducciones del Corán, que por ser un texto de revelación divina, frustra cualquier traducción hecha por el hombre. [...] Como la caridad bien entendida empieza por casa, vale la pena reflexionar sobre cómo estos cuestionamientos afectan a la lengua española.
.
Al traducir textos legales es preciso estar alerta respecto de los falsos cognados o "falsos amigos": palabras idénticas o casi idénticas que, sin embargo, tienen significados distintos y a veces opuestos. El inglés, además, es polisémico por excelencia. Usa sin empacho la misma palabra para marcar significados diversos y para indicar distintas funciones gramaticales. [...] Esa pluralidad de significados también ocurre en contexto jurídico y con términos aparentemente claros. Tomemos administration. Sin entrar en usos obsoletos o literarios, administration se traducirá, según su contexto, como el gobierno del Estado, la gerencia de una empresa, o un período presidencial de los EE..UU. Un administrator es sí, un administrador, pero también puede ser un gerente, un liquidador, un síndico o un albacea. Bond quiere decir bono, no hay duda, en el sentido de título de la deuda pública, pero también puede significar un pacto o compromiso, un mero vínculo o nexo, un pagaré, una cédula hipotecaria, una fianza o una garantía. Estate puede referirse a los bienes raíces y otras pertenencias de una persona viva o describir su patrimonio sucesorio. Fee puede ser la denominación del dominio absoluto sobre un inmueble en el Common Law, un honorario por servicios prestados, una tasa o un derecho fiscal, y los ejemplos se multiplican.
.
En los organismos políticos internacionales, dada la naturaleza de los temas que se suelen tratar y la urgencia con que éstos deban resolverse, sería ingenuo pensar que todas las soluciones se encuentran en los diccionarios, cuyo destino inevitable es nacer ya viejos. No es prudente, pues, rechazar por dogma los neologismos, puesto que la realidad impide que el idioma se ciña a normas o teorías rígidas. Pero cuando hay en español palabras, giros o expresiones claras, descriptivas y lícitas, es preciso resistirse a la moda de turno para forzar una ampliación semántica que corrompa el idioma. En otra palabras, cierta medida de prudencia y sentido común es necesaria para no acabar hablando en "cocoliche" anglosajón, como se diría en el Río de la Plata.
.
Es cierto que el paso de falso amigo a neologismo y de éste a término consagrado no es siempre evitable. Algunas nociones suelen machacar tanto la materia gris que acaban por ser aceptadas en la práctica e incorporadas a los diccionarios, por ejemplo, los cognados franchise/franquicia. Tradicionalmente franquicia es el pago de derechos de aduana, o la porción de pérdidas y daños no reembolsable por el asegurador, o la utilización gratuita de servicios o la exención del pago de ciertos derechos. Por obra y gracia de la globalization, franquicia se utiliza cada vez más para referirse a un contrato del derecho angloamericano con características especiales de distribución y comercialización de productos y prestación exclusiva de servicios, que solía traducirse como contrato de concesión.
.
También pueden afectar a los textos jurídicos en español términos y conceptos nacidos en contexto angloamericano, en un entorno cultural distinto. Además del manido globalization -preferimos seguir diciendo "mundialización"- valga mencionar empowerment, governance o governability, estos dos últimas palabrejas rescatadas del inglés del siglo XVIII, pero muy en boga en estos días. Governance quería y quiere decir ni más ni menos que "buen gobierno", "buena administración y gestión públicas". Como ahora está bien visto predicar que la administración de la res publica, -de la cosa pública- debe ser "buena", es decir honesta y ordenada, pues ahí va "gobernabilidad" como nueva reinvención de la pólvora. Otro par semántico que ha hecho correr ríos de tinta y librar batallas campales en que se esgrimen diccionarios y otros objetos igualmente contundentes es el de gender/género. Género, no en sus significados gramaticales o textiles tradicionales, sino como eufemismo de sexo, o de condición o conducta sexuada o "sexoespecífica". Este eufemismo, cuya aplicación lleva a planteos casi victorianos, se emplea para indicar la identidad social o cultural y las prácticas que el medio asigna o que ciertos grupos se asignan, con independencia del sexo biológico del sujeto.
.
[...]
.
Por su historia y proyección geográfica, y por el peso específico que vayan adquiriendo sus hablantes en el mundo, el español es una de las lenguas con más futuro. La pereza con que ha evolucionado en los cien años pasados no justifica que se lo atropelle con invasiones que ignoran vocablos y conceptos existentes. Con justificada iracundia, el Director de la Real Academia Española fulminaba en una editorial a quienes -y lo habremos comprobado más de una vez en la jerga administrativa- nos endilgan a todos la condición de "usuarios", sin atender a la riqueza de posibilidades que esconde ese sustantivo, ya que puede significar automovilistas, peatones, parroquianos, bañistas, drogadictos, pasajeros, paseantes, clientes, lectores o fieles, ya sea que "usemos" automóviles, aceras, bares, playas, narcóticos, trenes, parques, supermercados, libros o templos. Son esas carencias de matiz las que empobrecen al idioma y reducen al español a dialecto de factoría.
.

El derecho es uno de los instrumentos imperfectos pero necesarios del diálogo entre distintos sistemas de vida. El ámbito internacional y los idiomas en que se expresan sus actores debe ser un entorno de préstamos y de enriquecimiento recíproco at arm's length = en un pie de igualdad. Tal es quizás el equilibrio que debemos procurar en la traducción jurídica. "Pensemos en inglés", sí, para comprender a nuestro interlocutor anglófono, pero una vez que hayamos comprendido, escribamos en español.

.

Fragmentos extraídos de El pensar en inglés: algunas reflexiones sobre la traducción jurídica, David Deferrari, Naciones Unidas, Nueva York.
.

Etiquetas: , ,

lunes, 12 de noviembre de 2007

EN

en base a

.
DPdD: Es censurable la locución [...] en base a, en la que las preposiciones en y a no están justificadas: «*La petición se hizo en base a investigaciones policiales españolas» (País [Esp.] 1.10.87). Podría tratarse de un calco del italiano in base a, única lengua de nuestro entorno en la que se documenta —desde finales del siglo XIX— esta locución, ya que en inglés se dice on the basis of y en francés sur la base de.

.
Sousa propone como locuciones válidas: basándose en, basado en, con base en (poco elegante, según el DPdD), según, de acuerdo con, a tenor de, en función de, etc.

.
en breve

.
Galicismo y anglicismo por en resumen, en pocas palabras, en una palabra, en suma, en resumidas cuentas, resumiendo.

.
en consecuencia

.
Locución conjuntiva que se emplea para denotar que una cosa que se hace o ha de hacerse es conforme a lo dicho, mandado o acordado con anterioridad: Obró en consecuencia. Impropiedad por como tal: *Creía que era millonario y obraba en consecuencia.

.
en cuestión

.
Galicismo por de marras, de que se trata: El asunto en cuestión; El tipo en cuestión. Admitido por la Academia.

.
en detalle

.
Galicismo por detalladamente, con detalle, pormenorizadamente, con todo detalle, minuciosamente, al detalle, etc. Admitido por la Academia.

.
en profundidad

.
Anglicismo por a fondo, enteramente, con detenimiento, con detalle, con profundidad, total y absolutamente, yendo al fondo del asunto, etc. Admitido por la Academia.

.
en el momento que

.
Solecismo por en el momento en que.

.
en el sentido de

.
Posible galicismo (por en ce sens que) mal empleado en castellano por de: *No podemos aprobar tu afirmación en el sentido de que obraste de buena fe.

.
en relación a

.
Locución prepositiva mal formada; debe decirse y escribirse en relación con. Según la Academia, puede usarse como sinónimo de esta locución la expresión con relación a, aunque quizá convendría no abusar de ella, pues esta última también puede emplearse con el sentido de con respecto a, comparado con: Los precios han subido un trece por ciento con relación a los sueldos.

.
en términos de

.
Véase artículo al respecto.

.
en frente

.
Es forma correcta, pero se prefiere enfrente.

.
en seguida

.

Es forma correcta, preferida por la Academia, pero debería preferirse enseguida, también admitida.

.

Etiquetas:

jueves, 8 de noviembre de 2007

TENDENCIAS

Uno de los mayores riesgos que suelen correr las traducciones actuales es el de la visibilidad. La mayoría de las veces, dicha visibilidad es consecuencia de la transparencia de la versión traducida (por literalidad o calco) o bien de la superposición de la versión original y la traducida, como puede ser el caso de las ediciones bilingües de poesía o los subtítulos en la traducción audiovisual. Sin embargo, es cada vez más habitual que la visibilidad de la traducción no sea culpa ni del traductor ni del formato, sino de su destinatario.
.
El acceso a Internet en el primer mundo ha supuesto una revolución para la traducción en muchísimos aspectos. Aparte de los más inmediatos, como son las incontables fuentes de referencia a disposición del traductor, la posibilidad de contactar con clientes y con otros traductores o enviar material al instante, o la multiplicidad de textos susceptibles de traducción que ha generado y sigue generando Internet, sus efectos se han dejado sentir en otro ámbito que también afecta a la labor de traducir y la pone al descubierto: los lectores meta.
.
Hoy en día, es muy frecuente que los usuarios de Internet accedan a material escrito en muchas lenguas, más o menos ajenas a su cultura. El inglés, mal que nos pese a muchos, suele ser la lengua habitual para un gran porcentaje de usuarios que no se limita a informarse, divertirse, colaborar o generar información en su lengua materna. Para estos internautas, la traducción del material escrito del que hacen uso es simplemente una opción, no una necesidad.
.
Si nos fijamos en el flujo tradicional de la traducción, y dejando a un lado las consecuencias culturales, lo que Internet ha supuesto (o, cuando menos, ha fomentado), es lo que yo llamo una «flecha al revés». En traducción, normalmente, la sucesión es la siguiente: producción del original > recepción del destinatario original > traducción al idioma meta > recepción del destinatario meta. Pues bien, esta flecha inversa llevaría al destinatario meta hasta la fase del destinatario original, saltándose el paso de la traducción antes de que ésta se produzca.
.
Evidentemente, la recepción de esta información sin un filtro lingüístico y cultural profesional (es decir, sin un traductor de por medio) tiene consecuencias. En muchos casos, los consumidores de información en otros idiomas, generan a su vez información en su propia lengua, ya sea por profesión (periodistas, editores o publicistas, por ejemplo) o por devoción (en todo tipo de páginas personales de Internet). Y ahí es donde empiezan los problemas. No sólo para el público en general, sino también para el traductor. Porque siempre que el destinatario de una traducción utiliza términos de la lengua original, la traducción, además de resultar más visible, ha de luchar por imponerse al vocablo original. Y no es que esta «flecha al revés» sea algo nuevo. No hay más que pensar en las liturgias en latín de los antiguos territorios cristianos, en la filosofía, o en cualquiera de las ramas técnicas, desde la aeronáutica a la alta costura. Internet lo único que ha hecho es ensanchar esa flecha.
.
Uno de los ámbitos en el que esto resulta más evidente es el del entretenimiento de masas, que desde hace años parece prácticamente monopolizado por empresas estadounidenses. Así, en cualquier publicación actual en castellano (profesional o no) sobre cine, televisión o música, no es difícil toparse con términos anglosajones como blockbuster, premier, spoiler, spin-off, cliffhanger, hits, reality, shares, late shows, talk shows, remix, cover, show, showcase, backstage, must, vintage, single, charts, rhythm & blues, jazz, blues, soul, pop, rock, fan y un largo etcétera; también son frecuentes los calcos como 'secuela', 'audiencia' o 'evento', además de las más o menos afortunadas adaptaciones gráficas y fonéticas como 'díyei', 'cedé', 'deuvedé', 'elepé', 'ipod' (pronunciado ipód o áipod), 'itunes' (pronunciado itúnes o áitiuns) o 'myspace' (pronunciado mái-espéis).
.
Como hemos dicho, dada la omnipresente confluencia cultural que está acarreando la globalización económica, esa «flecha hacia atrás» parece inevitable. A los traductores no nos queda más remedio que aceptar que el público se adelanta a nuestras traducciones y que no somos los únicos que traducimos, versionamos y adaptamos. Ahí fuera hay mucha gente que lo hace, algunos bien y otros no. Pero sus traducciones, versiones y adaptaciones, al igual que las nuestras, ayudan a configurar el lenguaje y la cultura que nos ha tocado vivir.
.

Etiquetas: