sábado, 20 de septiembre de 2008

AROUND TRANSLATION

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More often than not, translation is just a part of a global process to produce texts following certain specifications and requirements. To meet these requirements, both freelance translators and translation agencies are asked to assume some tasks not strictly focused on translating words and meanings, but on assuring those words and meanings are transferred the right way. Spelling, grammar, punctuation, format or terminology are some of the issues freelancers and agencies must be aware of to produce quality translations. Solving these issues fast and efficiently is just a question of following some basic and standard procedures.
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A pesar de lo que pueda parecer, el trabajo del traductor no termina cuando acaba de traducir. Normalmente, después de la traducción se suele seguir una serie de procedimientos para garantizar la calidad de ésta. Formalmente, estos procedimientos pueden llevarse a cabo por el propio traductor o por otro profesional, aunque esto nunca exime al traductor de velar por la calidad de su trabajo en la medida en que el tiempo y los medios lo permitan.

En primer lugar, y por básico que parezca, convendría recordar la necesidad de utilizar siempre un corrector ortográfico y gramatical, sin importar en qué plataforma estemos traduciendo. Algunas herramientas de traducción como SDLX cuentan con su propio corrector, aunque el más utilizado, por lo extendido de su formato, es el de Microsoft Word. Es importante conocer a fondo las particularidades del corrector (qué detecta como error y qué no) y las del proyecto (qué errores son los más comunes o esperables) para saber qué buscar a la hora de revisar el texto. En un proyecto largo de localización en el que se repiten las palabras «cargar», «cargando» y «cargado», por ejemplo, no sería descabellado hacer alguna búsqueda por si se ha quedado alguna «r» por el camino. También hay que tener presentes las preferencias del cliente (en caso, por ejemplo, de dos grafías válidas de una misma palabra, como ocurre con los pronombres demostrativos y el adverbio «sólo/solo») a la hora de revisar un proyecto, ya sea a mano o con herramientas automáticas. Muchas agencias de traducción cuentan con su propia guía de estilo para este tipo de casos, aunque se suelen adaptar a las exigencias del cliente final.

En segundo lugar, y también como tarea imprescindible para el traductor, se debe comprobar el formato del documento traducido para que se corresponda al máximo posible con el del original. Puede parecer una verdad de perogrullo, pero en un sector cada vez más acostumbrado a los gestores de memorias de traducción, son pocos los documentos que no se «pretraducen» con un programa informático que puede descabalar formatos y estilos, ya estén visibles u ocultos. Si bien es cierto que en muchos casos el documento al que se enfrenta el traductor no es la versión final del texto ni tiene por tanto el formato definitivo, no es recomendable descuidar este aspecto, ya que, normalmente, cuando se recibe un texto traducido, se da por hecho que el formato es idéntico al del original, y se maqueta de acuerdo a esa suposición. Un par de operaciones básicas que no llevan mucho tiempo y evitan problemas a posteriori:

1) Hacer una «lectura vertical» de la traducción cotejándola con el original, mirando si hay mayúsculas o minúsculas fuera de sitio, si faltan puntos o comas (o si están repetidos), si las partes del texto se ajustan al espacio previsto en el original, etc.

2) Hacer una búsqueda de dobles espacios y sustituirlos por un espacio, y de espacio + marca de párrafo ( ^p) y sustituirlos por marca de párrafo (^p). Tampoco está de más buscar todos los nombres propios compuestos (Los Ángeles, El País, etc.) y comprobar que entre las dos palabras que conforman el nombre se ha utilizado un espacio de no separación (^s), algo especialmente importante si se trata del nombre del producto o de la empresa del cliente. En Word, estos caracteres se encuentran en el menú «Buscar y reemplazar» > «Más» > «Caracteres especiales».

Esto en cuanto a las tareas propias de los traductores. Si hiciéramos las veces de revisores de un texto ajeno, lo primero que tendríamos que saber es qué nos piden exactamente. En el mundo de la traducción globalizada, se suele hacer una distinción entre las tareas que comprende la revisión de traducciones:
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Revisión lingüística (review o linguistic review): corrección ortográfica, ortotipográfica, gramatical, semántica, estilística, etc. Una de las herramientas más empleadas en estos casos es el Control de cambios de Word, que permite tachar y escribir texto sin eliminar la traducción original (siempre que no se esté utilizando Trados Workbench), además de incluir notas al margen para las correcciones de estilo, normalmente marcadas como sugerencias. Si se utiliza TagEditor, este programa sí incluye una herramienta para añadir comentarios. Si la traducción se ha realizado con SDLX, los archivos de este programa (.itd) incluyen la opción de anotar comentarios en cada segmento sin alterar la traducción. Esta opción resulta más cómoda para el traductor, ya que el revisor puede generar un archivo aparte en formato xls o html (Utilities > Export to Excel / Export to HTML) en el que los comentarios se ven con un simple golpe de vista. Otra herramienta similar que también sirve para documentos de Word y de TagEditor es ApSIC Comparator (gratuito), aunque ésta no admite comentarios, sólo compara las diferencias entre el documento revisado y el traducido. Más detalles, aquí.
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Revisión terminológica (proofreading): comprobación de la terminología empleada en el texto traducido cotejándola con memorias de traducción, glosarios y bases de datos terminológicas. Para esta parte de la revisión existen aplicaciones específicas como QA Check del paquete SDLX, que genera un informe a partir de un archivo .itd con todo tipo de información relevante para el revisor. Además de las posibles incoherencias del texto con respecto a los términos de una base de datos terminológica en formato .tdb, detecta dobles espacios, signos ortotipográficos fuera de lugar, frases no traducidas o errores de formato, todo totalmente personalizable por el revisor. Otro programa muy útil para este tipo de revisiones terminológicas es Xbench, también de ApSIC y también gratuito. Funciona con documentos de Word y de TagEditor y genera un informe similar al del QA Check de SDLX, con la particularidad de que es posible cargar varios glosarios, bases de datos y memorias a la vez para comprobar la coherencia terminológica. Más detalles, aquí.
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Control de calidad (QA check): se trata de un procedimiento habitual que llevan a cabo las propias empresas o agencias de traducción, ya sea de manera interna o externa, para verificar la coherencia terminológica, la funcionalidad técnica o el formato final de sus proyectos, sobre todo cuando se trata de proyectos de gran envergadura o en formatos más complejos. Hay varios tipos de controles de calidad. El terminológico ya lo hemos visto en el apartado anterior. En cuanto a la funcionalidad de los archivos, si bien no suele ser competencia directa del traductor o revisor, no está de más tener algunas nociones en cuanto a la conversión de archivos o las etiquetas y colores que emplean herramientas como TagEditor o SDL Edit para codificar comandos y formatos, y así evitar meteduras de pata fáciles de prevenir pero engorrosas de solucionar. Lo que sí es (o debería ser) tarea del revisor es la comprobación lingüística del formato final de la traducción (el llamado DTP Check), ya que en ese penúltimo paso es donde se pueden corregir aspectos como la puntuación (la necesidad o no de puntos finales en algunas frases), los dobles espacios entre frases (algo que no siempre se puede ver si se traduce y revisa con gestores de memorias de traducción), la corrección y adecuación de los textos integrados en imágenes (que, en ocasiones, no se someten a los mismos procedimientos de revisión que el resto del texto), el formato de las cifras (que es posible se haya pasado por alto si éstas no forman parte del texto), la longitud de los textos y el tamaño de las secciones diseñadas para ellos, la separación silábica de las palabras entre renglones o los posibles despistes de maquetación. Este tipo de revisiones pueden hacerse tanto en los propios documentos maquetados (agregando comentarios con Word o Acrobat Reader, por ejemplo) como utilizando modelos específicos estandarizados (la mayoría de las agencias y empresas de traducción cuentan con sus propios modelos).
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Todas estas comprobaciones, aunque no forman parte del proceso de traducción propiamente dicho, son imprescindibles para conseguir un mínimo de calidad en el producto final que es el texto traducido.
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8 Comments:

  • At 21 de septiembre de 2008, 2:37, Blogger Pablo said…

    Vaya, ya echaba de menos ver nuevos artículos en este blog. ¡Muy completo y didáctico! :)

     
  • At 22 de septiembre de 2008, 14:04, Blogger whyidontbelieveingod said…

    ¡Gracias!

     
  • At 25 de septiembre de 2008, 6:39, Anonymous vero said…

    ¡Hola!

    A mi también me echaba de menos los artículos de mi «profe» :-)

    Si me lo permites, comentaré algunos aspectos de tu post.

    Para empezar, el proceso de traducción que describes se suele encontrar más en el ámbito de la localización, y el orden o el número de las varias etapas de revisión pueden ser distintos según el sector (estoy pensando en la traducción editorial).

    Luego, quiero aclarar algunos puntos sobre la traducción inglesa que das de cada etapa de corrección.

    En inglés, «proofreading» significa: «Read copy, such as a proof or a typewritten text, for the purposes of checking for errors and making alterations, before the copy is submitted for further reproduction.», lo que implica sólo la corrección de la versión traducida, sin el texto de origen, y que corresponde más con la segunda o tercera etapa de un proceso de corrección de una traducción. Sin embargo, los traductores y clientes anglófonos suelen usar esta palabra para describir un proceso de revisión terminológica y lingüistica de la traducción apoyandose del texto de origen. En este último caso, las palabras correctas serían «review» o «revising», lo que para mi es la primera etapa del proceso de correción.

    En cuanto al «QA check» o «quality assurance», expresiones muy comunes en la localización, en realidad, puede ser de todo: un proceso de revisión completa, un «proofreading», un «DTP check», etc. También existe esta confusión con la palabra «editing».

    En conclusión, yo insistiría sobre el hecho de que uno tiene que pedir al cliente qué tipo de servicio necesita antes de empezar cualquier proyecto de corrección.

    V.

     
  • At 30 de septiembre de 2008, 4:07, Blogger whyidontbelieveingod said…

    Hi!

    Tienes toda la razón, en cuanto a las revisiones, cada cliente/empresa/agencia tiene su propia jerga, así que lo mejor es asegurarse de qué nos están pidiendo exactamente antes de ponerse manos a la obra.

    Salut!

    J.

     
  • At 5 de enero de 2009, 12:32, Anonymous runescape money said…

    Very good!

     
  • At 13 de enero de 2009, 9:32, Anonymous materials said…

  • At 23 de febrero de 2009, 20:04, Blogger ACACIA said…

    Personalmente, desconfío mucho de los programas de traducción. Sobre todo en materia de corrección y revisión del texto y especialmente en lo referido a temas jurídicos.
    Muchas veces la homogeneidad no es sinónimo de calidad ya que precisamente la diferenciación en los términos, aún cuando pudieren ser sinónimos, o no estar incluidos en la base de datos de la memoria, puede agregar un elemento esencial al texto que sería un error reemplazar.
    Además, como traductora, realmente me molesta mucho que alguien o algún programa reemplace - tal vez con ligereza - algún término que tan cuidadosa y trabajosamente me he esmerado en utilizar.
    Por otra parte, me parece muy aburrido y un desperdicio total no utilizar toda la gama posible de términos que sean sinónimos (siempre refiriéndome al idioma español que es tan rico). Hace que los textos extensos no sean tediosos y, además, para eso están.

    ¡Gracias por este magnífico blog!

     
  • At 16 de julio de 2009, 3:03, Anonymous Anónimo said…

    ¡Hola, Acacia!
    Puede ser cierto que la homogeneidad no sea sinónimo de calidad pero cuando hablamos de consistencia, eso sí que te marca claramente la calidad.
    Puedes tener mucha riqueza de vocabulario y querer llamar a un menú primero "inicio" y luego "comienzo"... pero como sea que uses una palabra para el software y otra para referir a los usuarios en el manual, ya la has cagado pero a base de bien.

    Como todo, hay que usar todas las cosas con cuidado y, sobre todo, ser responsable y profesional con el trabajo que se hace.

     

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