miércoles, 16 de enero de 2008

IMPLICACIONES MORALES DE LAS TECNOLOGÍAS DE TRADUCCIÓN (EJEMPLO PRÁCTICO)



Robado vilmente de ADLO!

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jueves, 3 de enero de 2008

IMPLICACIONES MORALES DE LAS TECNOLOGÍAS DE TRADUCCIÓN (2 de 2)

Gestores de memorias de traducción: transferir soluciones pasadas a contextos presentes

Al igual que la traducción automática, las memorias de traducción también han obligado a modificar la manera de trabajar de los traductores, en muchos casos con implicaciones morales de mayor calado de lo que podría parecer a primera vista.

El principio básico de los gestores de memorias de traducción consiste en acumular y almacenar soluciones de traducción que se reciclan cada vez que se necesitan mediante el uso automatizado de terminología. Además de la inversión que requiere la adquisición de estos programas y la formación necesaria para usarlos correctamente, otro de los factores que influye directamente en su rendimiento es el tiempo. Lejos de ahorrarnos tiempo de manera inmediata, estos gestores crean las memorias de traducción a medida que se usan; es decir, que cuanto más los use el traductor, más extensa será la base de datos y, por tanto, más útil.

Si bien los estudios en torno a las memorias de traducción -que en la mayoría de los casos no son sino análisis descriptivos y comparativos sobre la eficacia de los gestores disponibles en el mercado- destacan las notables ventajas conseguidas en cuanto a la productividad del traductor, sobre todo en el ámbito de la localización (como en el caso de los programas basados en Windows), poco se ha hablado de las controversias morales que se plantean cuando se crea una base de datos terminológica (Zetzsche, 2000).

Una vez que el traductor ha almacenado sus opciones terminológicas en una base de datos creada como resultado de un trabajo anterior encargado por clientes directos o por agencias de traducción, normalmente se espera que esa base de datos se entregue junto a la traducción final, un procedimiento que se ha hecho habitual a medida que se extendía el uso estos gestores. Esa base de datos se incorpora a otra aún mayor en posesión de los clientes o de las agencias de traducción, que se suele utilizar como material de referencia para el mismo traductor o para otros profesionales que trabajen en futuros proyectos. Como explican Biau Gil y Pym (2006), cuando a un traductor se le facilita una memoria de traducción, el cliente espera que se respete la terminología y la fraseología de los pares de segmentos almacenados en esa memoria. Es más, en su constante intento por reducir costes, las empresas animan a los traductores a buscar el mayor número posible de coincidencias y dejan ver su decepción cuando la cantidad de texto reutilizable por el traductor es mucho menor de la esperada (Murphy, 2000).

Como en el caso de las aplicaciones de traducción automática, los principios que se están empleando en el diseño de los gestores de memorias de traducción, en un esfuerzo por reducir tiempo y dinero en la producción de las traducciones, recuerdan al concepto de traducción como «actividad de sustitución de palabras», tal y como aducen Biau Gil y Pym, puesto que en la mayoría de los casos, a los traductores se les «anima a obviar los demás elementos que configuran el texto» y a centrarse en los segmentos que pueden recuperarse de las bases de datos o que pueden añadirse a éstas (2006:12).

La interpretación del material original y las elecciones personales que toma el traductor en la elaboración de su traducción podrían interferir con la coherencia y la gestión del contenido, aunque en ocasiones la opción del traductor sea más apropiada para un contexto concreto que las opciones predeterminadas que ofrece la base de datos. Asimismo, al reutilizar segmentos de traducción almacenados, los traductores pueden estar dando el primer paso a la cesión de los frutos de su trabajo de investigación, ya que los clientes pueden pedir que, junto con el material traducido, también se entregue la memoria que se ha ido creando en el proceso.

El segundo paso en la renuncia a la autoría de las traducciones se produce cada vez que un traductor acepta que le paguen únicamente lo que los clientes consideran traducción per se, es decir, segmentos que aún no han sido traducidos. Esa postura se deriva de la idea de que los segmentos que presentan una coincidencia del 100% mantendrán el mismo significado que en textos anteriores, por lo que su revisión y adaptación no merecen remuneración económica. Esta situación ya ha sido criticada por algunos traductores, que defienden que la coherencia terminológica no garantiza la comprensión, ya que, aunque la terminología sea totalmente coherente, puede que el conjunto del texto no tenga ningún sentido para el público al que va dirigido.

Por otro lado, cabe la posibilidad de que los clientes no acepten de buena gana la idea de que los segmentos con coincidencias del 100% no pueden usarse en un nuevo contexto o de que incluso los segmentos que pueden usarse cobran inevitablemente un nuevo significado y en ocasiones hay que revisarlos con cuidado para adaptarlos al nuevo contexto. Así pues, el traductor no suele recibir remuneración alguna por las correcciones o ajustes del material procedente de la base de datos terminológica, ya que ello significaría aceptar que el trabajo de traducción anterior fue defectuoso y, por tanto, excesivamente remunerado.

En esa práctica ampliamente aceptada al trabajar con memorias de traducción, encontramos un planteamiento muy parecido al que se aplica a la traducción automática. Al igual que parece existir un consenso sobre la idea de que un texto traducido por un ordenador no requiere más que una última fase de revisión y postedición por parte de un traductor humano, en el caso de las memorias de traducción, la revisión suele consistir en no alterar segmentos previamente traducidos. A pesar de que los segmentos guardados en la memoria quizá no se adecúen del todo al texto nuevo, pueden llevar a que el traductor se confíe y dé por sentado que su significado no se verá alterado ni dará pie a asociaciones distintas en el nuevo contexto en el que se han incrustado.

Espero que este análisis de los planteamientos que normalmente se aplican a la traducción automática y a las memorias de traducción haya puesto de manifiesto que, para que la labor que realizan los traductores cobre más importancia en la era de la información –y no menos–, es primordial que no se considere a estos profesionales como meros transportistas de contenido o revisores de textos, sino como comunicadores plenamente responsables de los significados que atribuyen a los textos que traducen.

Consideraciones finales: coexistencia, pero, ¿en qué condiciones?

Si bien es innegable que la práctica de la traducción ha de evolucionar y adaptarse a las nuevas vías de comunicación y de trabajo (Cronin, 2003), los traductores deberían reflexionar sobre cómo desean que les consideren aquéllos que contratan sus servicios.

Si se le concede prioridad a los debates sobre cómo reducir los plazos y los costes mediante la aplicación de herramientas tecnológicas en el proceso de traducción, los traductores quizá no tomen conciencia de lo que ese tipo de herramientas representa para el público en general ni de las consecuencias que ello puede tener en la forma en que se concibe la profesión de traductor.

La idea general, como ya he explicado, es que, cuando se aplican herramientas tecnológicas como los programas de traducción automática, lo único que ha de hacer el traductor es darle al texto los últimos retoques para que sea coherente en el idioma al que se traduce. Así pues, da la impresión de que es el ordenador el que realiza el trabajo de traducción, mientras que el traductor se encarga de corregir el texto definitivo. Por lo que se refiere a las memorias de traducción, la reutilización, más que extendida, de segmentos ya traducidos también contribuye, a su manera, a afianzar la idea de que el traductor no es plenamente responsable del texto final.

La ilusión de que el ordenador es capaz de traducir puede influir en la imagen que se tenga de los traductores en el futuro, una impresión sobre la que deberíamos reflexionar, principalmente cuando no se deja de hacer hincapié en la cantidad y diversidad de textos, idiomas y culturas que se entremezclan inevitablemente la práctica de la traducción.
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Referencias
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BIAU GIL, José Ramón; PYM, Anthony. Technology and Translation: a pedagogical overview. In: PYM, A., PEREKRESTENKO, A., STARINK, B. (Org.) (2006). Translation technology and its teaching. Tarragona, Spain. Available at . Access on June 22, 2006.
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CRONIN, Michael. Translation and globalization. London: Routledge, 2003.
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MURPHY, Dawn. Keeping Translation Technology under Control. Machine Translation Review, n. 11, Dec. 2000, p. 7-10. Available at http://www.bcs-mt.org.uk/mtreview/11/mtr-11-7.htm. Access on Jan. 11, 2007.
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ZETZSCHE, Jost. Memorias de traducción: the discovery of assets. Multilingual Computing and Technology. v. 16 (4), n. 72, p. 43-45, 2005.
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